N° 29. Primero. Año 2024



26 de enero de 2024

Autora: María Teresita Cerdera Russo. Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de San Juan, Argentina.

Becaria de la Fundación Carolina en el periodo 2022-2023 en el Máster de Intervención e Investigación Socioeducativa de la Universidad de Oviedo

Dirección de contacto: terecerdera@gmail.com

El presente artículo se enmarca en la experiencia de Prácticas Externas del Máster en Intervención e Investigación Socioeducativa de la Universidad de Oviedo, realizadas en el Equipo Territorial de Servicios Sociales del Área VIII. La investigación realizada tuvo como objetivo analizar la coordinación territorial entre los Servicios Sociales y las entidades del Tercer Sector en materia de detección de necesidades sociales e intervención socioeducativa, a partir de un proyecto de coordinación propuesto por dicho Equipo Territorial.

A través de un estudio de caso con enfoque participativo y utilizando técnicas cualitativas de investigación social, como la observación participante, la revisión documental y las entrevistas, se describe y analiza esta experiencia de coordinación que se encuentra en proceso de construcción, valorando su posible contribución al conocimiento y mejora de los Servicios Sociales. Puesto que, si bien el trabajo social articulado entre instituciones está, en general, contemplado por diversas normativas, en la práctica cotidiana aún presenta numerosos desafíos y ámbitos de desarrollo, que se abordan en la presente investigación.

A lo largo del trabajo se han identificado diferentes escenarios de coordinación, y diversas perspectivas en los discursos de los actores intervinientes sobre la misma, como así también, diferentes modelos de intervención socioeducativa que confluyen en la práctica cotidiana. Asimismo, se reconocen las dificultades y las áreas de mejora que la coordinación presenta en el Área y se valora la posibilidad de seguir construyendo este proyecto por su carácter innovador capaz de promover un entramado reticular de coordinación territorial.

Palabras clave: Servicios Sociales, Tercer Sector, coordinación territorial, detección de necesidades sociales, intervención socioeducativa.


 

1. Introducción 

El presente artículo de investigación materializa la experiencia profesional de las Prácticas Externas del Máster en Intervención e Investigación Socioeducativa de la Universidad de Oviedo en el Equipo Territorial de Servicios Sociales del Área VIII y la investigación desarrollada en profundidad para el Trabajo Fin de Máster.

En el marco de una investigación cualitativa se realiza el estudio de caso con enfoque participativo sobre el proyecto y experiencia de coordinación entre Servicios Sociales y Tercer Sector en materia de intervención social y educativa en el Área VIII que ha puesto en marcha el Equipo Territorial. Esta experiencia de coordinación constituye el objeto de estudio de este trabajo, por tratarse de una experiencia innovadora, con valor social y con gran potencial teórico-práctico para conocer en profundidad, visibilizar y contribuir al desarrollo de los Servicios Sociales.

El estudio se ampara en el marco normativo que, desde lo legal, establece el trabajo coordinado entre las entidades, y recurre también a un marco teórico capaz de justificar la necesidad de coordinación en materia de intervención socioeducativa.

La Ley 1/2003 de Servicios Sociales del Principado de Asturias plantea la importancia de fomentar el estudio y la investigación en el ámbito de los Servicios Sociales. Esto da cuenta de que es un campo de conocimiento y de construcción teórica potente, por ello, este trabajo tiene el propósito de contribuir al mismo a partir de esta instancia de investigación.

La intervención socioeducativa es un ámbito en el que intervienen tanto los Servicios Sociales como las entidades del Tercer Sector, con propuestas destinadas a responder a las necesidades sociales de diversos colectivos; sin embargo, muchas veces esas propuestas son desconocidas por las demás entidades, pudiendo llegar, incluso, a solaparse entre sí. Y aunque la normativa plantea un trabajo coordinado entre Servicios Sociales y entidades del Tercer Sector, y la teoría misma de la intervención social la entiende como un escenario de articulación, en la práctica cotidiana se identifican determinadas problemáticas de coordinación o áreas potenciales de mejora, a las que el proyecto del Equipo Territorial busca responder.

¿En qué consiste la propuesta del Equipo Territorial? ¿Cómo es la coordinación de Servicios Sociales y Tercer Sector en el Área VIII en lo que respecta a detección de necesidades e intervención social? ¿Cuáles son las dificultades de la coordinación? ¿Qué desafíos o áreas de mejora presenta dicha relación? Son algunos interrogantes que se plantean y que se intentan responder a lo largo del trabajo.

En relación a los mencionados interrogantes, el trabajo persigue como objetivo general el estudio de la coordinación entre los Servicios Sociales del Área VIII y las entidades del Tercer Sector que trabajan en el área mencionada tanto en la detección de necesidades sociales como en materia de intervención socioeducativa. Para ello se proponen como objetivos específicos:

  • Describir el proyecto de coordinación entre Servicios Sociales y Tercer Sector en el Área VIII en fase de construcción por el Equipo Territorial, a través de un estudio de caso con enfoque participativo y la aplicación de técnicas de investigación social.
  • Identificar dificultades y áreas de mejora en la coordinación en cuanto a detección de necesidades sociales del territorio, y en la puesta en marcha de estrategias o programas de intervención socioeducativa.
  • Elaborar propuestas que faciliten e incrementen la coordinación entre ambas instancias.

2. Contextualización

De acuerdo al Mapa Asturiano de Servicios Sociales (Decreto 108/2005), el Área VIII se compone por una Zona de Distrito compuesta por seis Zonas Básicas de Distrito que comprende el concejo de Langreo; una Zona Básica de Servicios Sociales que comprende el concejo de San Martín del Rey Aurelio; y otra que comprende los concejos de Laviana, Sobrescobio y Caso, estos dos últimos son considerados de Zona Especial por sus características sociodemográficas.

El proyecto de coordinación del Equipo Territorial del Área incluye a siete entidades del Tercer Sector que operan en la zona. A saber: Intervalo, Mas Paz (Movimiento Asturiano por la Paz), UNGA, Cruz Roja, Cáritas, Expoacción y Mistós.

3. Metodología

En el marco de la metodología cualitativa, el presente trabajo responde a un diseño emergente, que podemos definir como un estudio de casos con enfoque participativo. Teniendo en cuenta que la misma se realiza durante el periodo de prácticas y que pone el foco en una experiencia concreta, se considera al estudio de casos como la estrategia metodológica idónea, ya que, según Arnal et al. (1992) “el estudio de casos es un diseño de investigación particularmente apropiado para estudiar un caso o situación con cierta intensidad en un período de tiempo corto” (p. 206).

Pérez Serrano afirma que el objetivo básico de un estudio de casos es comprender el significado de una experiencia (en Álvarez Álvarez y San Fabián Maroto, 2012), en este caso, el objeto de estudio es la experiencia de coordinación entre Servicios Sociales y Tercer Sector impulsada por el Equipo Territorial.

Citando a Álvarez Álvarez y San Fabián Maroto (2012), cabe agregar que un estudio de casos exige la descripción contextualizada del objeto de estudio y la participación del investigador en el devenir del caso.

Fals Borda (1993), precursor de la investigación participativa en América Latina, plantea su estrecha vinculación con la intervención social, puesto que ambas tienen como metas la acción transformadora, donde la teoría y la práctica se articulan. Este enfoque acerca la investigación a la práctica cotidiana.

3.1 Técnicas de recogida de información

Las técnicas de recogida de información empleadas en la investigación descrita son la observación participante, la revisión documental y las entrevistas. Siguiendo a Valles (1997), resultan los “tres ingredientes metodológicos principales de la investigación social” (p. 119).

Se recurrió a la observación participante en las reuniones que el Equipo Territorial mantuvo con las distintas entidades del Tercer Sector, y el instrumento de notas de campo se utilizó para registrar cada una de ellas.

Como segunda técnica de recogida de información, se utilizó al análisis de documentos internos del Equipo Territorial. Por un lado, las fichas técnicas elaboradas por las entidades del Tercer Sector solicitadas por iniciativa del Equipo Territorial adquieren el carácter de fuentes documentales, y se recurre a ellas con el fin de contextualizar la labor de las entidades del Tercer Sector en el área VIII. Las mismas contienen información valiosa sobre las necesidades sociales en el Área detectadas por cada entidad y los proyectos, programas o actividades que impulsa cada una de las entidades sociales del Área en materia de intervención social y socioeducativa. Por otro lado, se revisaron los Programas Locales de Incorporación Social (PLIS) elaborados por los Servicios Sociales de los Ayuntamientos del Área.

Por último, como técnica de recogida de información, se utiliza la entrevista semiestructurada, partiendo de un guion que no limita las dinámicas propias de cada encuentro y se adapta al discurso de cada persona entrevistada. Al respecto de la selección de personas entrevistadas, en primera instancia se realizó una entrevista grupal a las responsables del Equipo Territorial que llevan adelante la iniciativa de coordinación, y posteriormente se entrevistó a las personas responsables del trabajo en Inclusión Social de los Servicios Sociales Municipales de cada Ayuntamiento perteneciente al Área VIII.

Las entrevistas con Servicios Sociales de los Ayuntamientos fueron facilitadas por el Equipo Territorial, explicando previamente los objetivos de la misma y pautando las respectivas reuniones. Las mismas fueron grabadas bajo consentimiento de los participantes y posteriormente se transcribieron con el fin de salvaguardar la información de la manera más fiel posible.

Estos encuentros posibilitaron el acercamiento no solo con el personal técnico de los Servicios Sociales, sino también con las diferentes zonas que conforman el territorio del Área VIII, lo que supuso una visión más amplia y contextual de la temática investigada.

3.2 Criterios de ética y rigor

Como criterios de ética, en primer lugar, se solicitó la autorización correspondiente de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar del Principado de Asturias para la realización de proyectos de investigación e innovación en materia de Servicios Sociales solicitados por profesionales y/o estudiantes, que se desarrollen en recursos dependientes de la misma.

En segundo lugar, resguarda la confidencialidad y la protección de datos de las personas entrevistadas, y se solicitan los correspondientes permisos para realizar las grabaciones. También se cuenta con la autorización del Equipo Territorial para registrar las reuniones con las entidades del Tercer Sector, así como de las propias entidades. Todo el trabajo realizado durante el desarrollo del Prácticum estuvo amparado por una declaración de confidencialidad.

Considerando los criterios de rigor para la investigación cualitativa el presente trabajo se ampara en la credibilidad por el uso de la triangulación, tanto de teorías, como de técnicas e informantes. Además, al ser un estudio de casos, es factible hablar de consistencia contextual (Villareal y Landeta, 2010). Y teniendo en cuenta los criterios de rigor expuestos por Hernández Sampieri et al. (2010) se incluye en el proceso auditoría externa, por parte del tutor académico del Trabajo Fin de Máster y de las técnicas del Equipo Territorial del Área VIII.

Por último, el trabajo se ampara en la transferencia, es decir, no se pretenden generalizar los resultados, pero a través de la socialización de los mismos se pueden aplicar o trasladar a otros contextos similares, es decir a demás Equipos Territoriales del Principado de Asturias, por ejemplo, para analizar y mejorar la coordinación en sus respectivas áreas.

4. Resultados obtenidos a través del análisis interpretativo de la información

4.1 Relato de la experiencia en construcción

El Equipo Territorial de Servicios Sociales del Área VIII, pone en marcha a mediados del año 2022 una iniciativa de coordinación con las entidades del Tercer Sector que operan en el Área, con el objetivo de conocer qué estaban realizando las organizaciones en materia de intervención social, por un lado, y, por otro, de promover una red de circulación de información y apoyo entre las entidades.

Según relata una de las impulsoras de esta experiencia, hace dos o tres años comenzaron a trabajar con el voluntariado. Sin embargo, esta propuesta más concreta y sistematizada, que incluye además a los Servicios Sociales Municipales surge recientemente porque el Equipo Territorial identificaba las siguientes problemáticas en el Área:

  • Escaso conocimiento de los programas o actividades que llevan adelante las entidades del Tercer Sector, tanto por las demás entidades como por los Servicios Sociales Municipales.
  • Convergencia y riesgo de duplicidades de actividades o programas destinados a un mismo colectivo entre las entidades del Tercer Sector entre sí y con los Servicios Sociales Municipales.
  • Desconexión entre algunas de las actividades y los programas de intervención social, y funcionalidad aislada de los mismos.
  • Desinformación por parte de las entidades del Tercer Sector de las prestaciones y posibilidades de coordinación con Servicios Sociales Municipales.
  • Limitada comunicación entre entidades del Tercer Sector y Servicios Sociales.
  • Escasa participación de las entidades del Tercer Sector en la detección de necesidades sociales que realizan los Servicios Sociales Municipales.

A raíz de estas problemáticas identificadas por el Equipo, se comenzó a pensar en una estrategia de coordinación destinada no solo a responder estas cuestiones sino a mejorar la misma. ¿Cuál fue el principal objetivo del Equipo? buscar que todo el trabajo del territorio esté coordinado y que funcione como un entramado reticular.

Ninguna propuesta surge de la nada, hay una serie de interrogantes y acontecimientos que juegan un papel crucial en el desarrollo de un proyecto así, por ello es interesante conocer cómo surge esta iniciativa. Las protagonistas de la propuesta relatan que la misma surgió por un lado por el contacto con algunas entidades, y por el otro, por la pandemia, que evidenció la intervención que hicieron las entidades en el territorio, lo que generó el interés por saber qué estaban haciendo en relación a los PLIS (Proyectos Locales de Incorporación Social) con el fin de coordinar intervenciones puestas en marcha por las ONG.

La propuesta comienza a sistematizarse en septiembre del 2022 cuando el Equipo Territorial convoca una reunión grupal con todas las ONG. El objetivo de esa primera reunión se podría definir como una evaluación diagnóstica del trabajo que las mismas estaban realizando en el área, es decir, indagar acerca de qué proyectos o actividades estaban realizando, y dar a conocer el del resto de las organizaciones con el fin de evitar superposiciones de programas o actuaciones. Además, el objetivo de esa reunión era poner en conocimiento a las ONG de la iniciativa encarada por el Equipo Territorial.

Siguiendo los aportes de Holgado y Maya-Jariego (2022) para incentivar el trabajo coordinado y colaborativo es necesario conocer las organizaciones que trabajan en determinado contexto, para facilitar la búsqueda de objetivos comunes. Por ello, tras la primera reunión general, el Equipo Territorial solicitó a las entidades la elaboración de fichas técnicas donde constara por escrito las actividades y programas que estaban ejecutando en el Área, así como las necesidades detectadas por ellas; importante fuente de información, que se analiza en este trabajo, puesto que refleja la intervención social que está en marcha en el Área VIII, por parte de las entidades.

Ahora bien, es un trabajo en construcción o como bien dirían las protagonistas “en germinación”. Es una propuesta de coordinación que no está diseñada estructuradamente, sino todo lo contrario, es abierta, flexible, emergente, y promueve el “ir avanzando y viendo que pasa”. Si bien es un proyecto inicial, están los objetivos y el procedimiento definidos, hay un canal de comunicación abierto entre las entidades, y como dicen las protagonistas “somos parte de un grupo que vamos interactuando y vamos a ver a donde podemos llegar trabajando juntos”.

El Equipo Territorial comenzó reuniéndose con las entidades del Tercer Sector, por ello es interesante conocer qué están aportando esas reuniones y qué respuestas proporcionan las entidades a los objetivos planteados por el Equipo Territorial. En el camino transitado de este proyecto, ya hay aportes contundentes que reflejan la importancia de conocer la actividad del Tercer Sector en el Área, primero, porque permite que el Equipo comprenda las posibilidades y limitaciones de cada entidad, y segundo, las entidades aportan conocimiento acerca de su visión territorial, es decir, las necesidades sociales que detectan y las propuestas de intervención socioeducativa para responder a ellas

No obstante, para alcanzar la coordinación que el Equipo Territorial se propone, también es indispensable articular con los Servicios Sociales Municipales, con quienes las mismas entidades según lo estipulado por la normativa deberían coordinar. A saber, la Ley 1/2003, de 24 de febrero, de Servicios Sociales, destaca los principios de coordinación y cooperación como criterios regentes, y la Ley 43/2015, de 9 de octubre, del Tercer Sector de Acción Social refuerza la capacidad de interlocutores de la Administración de las entidades no gubernamentales, para el diseño, aplicación y seguimiento de las políticas públicas en el ámbito social, con el fin de asegurar un desarrollo armónico de las políticas sociales, una identificación correcta de los grupos afectados y un óptimo aprovechamiento de los recursos. Sin embargo, esta es una de las primeras problemáticas que se evidenciaron en las reuniones: la limitada coordinación entre Tercer Sector y Servicios Sociales Municipales.

Así como, por un lado, se establecieron los canales de comunicación con las ONG mediante las reuniones, por otro lado, se comunicó a los Servicios Sociales Municipales del Área VIII la iniciativa y la necesidad de mejorar la coordinación a través de una reunión general del Plan Concertado. Sin embargo, los Ayuntamientos presentan características particulares y, aunque en dicha reunión se sentaran las bases de este proyecto, el trabajo con cada uno resulta definido por las responsables como “desigual”, y reconocen que es un ámbito en el que queda trabajo por desarrollar.

En síntesis y siguiendo lo expuesto por el Equipo Territorial en las reuniones, el propósito de este proyecto consiste en buscar algún sistema para conectar las entidades sociales y los municipios, porque ambos dan respuestas a los mismos colectivos y necesidades, y la función del Equipo Territorial sería favorecer esos encuentros. Es decir, el rol que encara el Equipo Territorial de acuerdo a sus funciones, sería el de facilitador, movilizador, dinamizador de esta coordinación.>

4.2 Las reuniones como espacios de encuentro entre el Equipo Territorial y el Tercer Sector

Las reuniones fueron el mecanismo escogido para empezar a gestar este proyecto de coordinación. A partir de la técnica de observación participante utilizada para abordar este estudio de caso, se puede definir a las mismas como espacios de encuentro entre el Equipo Territorial y las distintas entidades del Tercer Sector, donde a través de la palabra y el diálogo se ponen sobre la mesa las necesidades que cada entidad tiene, las necesidades sociales presentes en el área y las actuaciones para responder a ellas.

En la primera reunión general que el Equipo Territorial realizó con las entidades, se detectó que las mismas poseen características desiguales, desde la infraestructura hasta el personal técnico capacitado para gestionarlas; y fue por ello que se propusieron reuniones individuales con cada entidad. De hecho, una de las técnicas del Equipo Territorial plantea que esto es un desafío que se presenta al proyecto, ya que expone:

Como debilidades se podrían decir que son las distintas situaciones que tienen las entidades y que también estamos viendo hasta qué punto tiene cobertura. Porque hay entidades que ni siquiera están constituidas legalmente en todo el procedimiento, y sin embargo pueden tener acceso a un grupo de personas interesante (…) (Entrevistada ET).

Esta situación fue también vislumbrada en las reuniones, ya que por ejemplo había entidades que tenían subvenciones de parte del Principado o los Ayuntamientos, y otras que no. Es decir, el punto de partida de las entidades sociales que trabajan en el Área no es el mismo, y se podría deducir que esto puede ser una de las causas que repercute en otra de las cuestiones que en las reuniones salió a la luz, esto es, la escasa coordinación entre ellas. Al respecto una de las entrevistadas manifiesta:

Esos distintos niveles también pueden generar problemas de relación entre ellas, yo creo que uno de los problemas que también tenemos que abordar es la relación entre ellas, porque cada asociación esta con su gente y sus programas, y cuesta que por ejemplo entre ellas hagan derivaciones (…) es una cuestión de falta de tradición de colaboración (Entrevistada ET).

La escasa colaboración entre las entidades no solo fue identificada por el Equipo Territorial, sino que fue puesta de manifiesto en las reuniones, ya que por ejemplo dos asociaciones que trabajan con el mismo colectivo, la población inmigrante en situación irregular, no coordinan entre sí.

Otro inconveniente que fue puesto de manifiesto y que tiene que ver con esta escasa coordinación entre las entidades del Tercer Sector, lo expuso una asociación en la reunión y se extrae el fragmento de la misma:

Hay muchas entidades que trabajan con banco de alimentos, y han identificado que hay personas que recogen alimento en varias entidades y eso no está coordinado. Explica que identificaron la situación porque los mismos usuarios comentaron que vieron personas retirando alimentos en diversas entidades (Nota de Campo 31/03/23).

Sin embargo, esta realidad de falta de colaboración entre entidades no es privativa del Área VIII, sino que da cuenta de un panorama recurrente si retomamos los aportes del estudio de Holgado y Maya-Jariego (2022) sobre la colaboración entre entidades del Tercer Sector en Andalucía, que demuestran que, por lo general, la acción intersectorial y las relaciones de colaboración entre entidades es limitada y poco común, y que hay una cierta tendencia a la autorreferencia de las entidades del Tercer Sector, con un bajo sentido de pertenencia global a un sector de actividad con objetivos comunes y con parcelas de actuación complementarias.

Según los investigadores, la red de colaboración se concentra en torno a pocas organizaciones que normalmente son las más consolidadas y con más recursos humanos y económicos. Esto también fue evidenciado en las reuniones, puesto que las entidades con mayor presupuesto e infraestructura, si aseguraban que coordinaban entre sí.

Estas situaciones plantean nuevos desafíos al trabajo de coordinación a la hora de “tejer red entre ellas” (Entrevistada ET), esta categoría, que surge desde una de las participantes, se considera sustancial para sentar bases teóricas que justifiquen el trabajo coordinado. Tejer redes de apoyo mutuo entre las asociaciones, resulta una manera de responder articulada, coordinada y eficientemente a las necesidades sociales de los colectivos. Para ello en las reuniones se plantearon acuerdos mutuos en los que se trazaron como desafío “mejorar la coordinación entre las ONGs para no solaparse” (Nota de Campo 10/02/23) y se solicitó a las asociaciones con más infraestructura apoyar a las demás, por ejemplo, “dando soporte, colaborando en la captación de voluntariado, capacitando e informando acerca de Voluntastur1 (…)” (Nota de Campo 17/02/23).

Otra de las debilidades que fue puesta de manifiesto en las reuniones, es la escasa coordinación con los Servicios Sociales Municipales que se analiza a continuación.

4.3 Los Servicios Sociales Municipales y la coordinación con las entidades del Tercer Sector

4.3.1 La perspectiva del Equipo Territorial y de las entidades del Tercer Sector

Como se mencionó previamente, la coordinación con Servicios Sociales Municipales se identificó como un área de mejora no solo por el Equipo Territorial, sino también por las mismas entidades del Tercer Sector. Esto se puede observar en las fichas elaboradas por las entidades en el año 2022 donde la coordinación con la Administración se expone como una necesidad. Por su parte, el Equipo Territorial en las reuniones también planteó esta situación explicitando que uno de los objetivos de los encuentros era conocer si trabajaban de manera coordinada con los Servicios Sociales Municipales, en qué medida, y promover una mayor coordinación con ellos.

Sin embargo, con los Ayuntamientos pasa exactamente lo mismo que con el Tercer Sector, ya que no todos tienen las mismas condiciones ni las mismas necesidades. Las técnicas del Equipo Territorial lo exponen de la siguiente manera:

Una debilidad fundamental es la coordinación con Servicios Sociales como la tienen establecida, y ahí hay que salvar también la interacción de cada Ayuntamiento con las ONG que es diferente, en unos hay más coordinación que en otros. Entonces no se puede hacer una generalización porque cada Ayuntamiento es diferente. Pero sí que no hay un sistema de coordinación establecido permanente, no se cuenta de forma sistematizada con las ONG para la detección de necesidades cada vez que se va a hacer un Proyecto Local de Incorporación Social (…). Esa coordinación entre Servicios Sociales municipales y las ONG hay que potenciarla y ahí hay un área de mejora muy grande (Entrevistada ET).

Es decir, hay una realidad muy distinta no solo dependiendo de la ONG, sino también del Ayuntamiento. Desde la perspectiva del Equipo Territorial se identificó esta cuestión y se expuso en una reunión planteando que hay Ayuntamientos que tienen “una relación estrecha con algunas ONG y no con otras” (Nota de Campo 30/03/23), al igual que hay entidades que tienen relación con algunos Ayuntamientos y no con otros.

Otra de las problemáticas detectadas en dichas reuniones es que las ONG desconocen las prestaciones que dan los Servicios Sociales Municipales.

Ahora bien ¿Cómo pueden coordinar las entidades del Tercer Sector con los Servicios Sociales? ¿Qué pueden aportar? Desde el punto de vista del Equipo Territorial, tal como se manifestó en las reuniones, “se busca la articulación con los Servicios Sociales municipales que realizan su propia detección de necesidades, para que cuenten con las ONG, y las ONG cuenten con los Servicios Sociales en materia de detección de necesidades”(Nota de Campo 17/02/23).

En síntesis, esta coordinación es un área de mejora en cuanto a coordinación de actividades y programas de intervención social, información, conocimiento, comunicación y detección de necesidades.

4.3.2 La perspectiva desde los Servicios Sociales Municipales

Ahora bien, es interesante conocer la perspectiva de los Servicios Sociales Municipales, por ello, durante el proceso de investigación se decidió visitar cada Centro de Servicios Sociales de los cinco Ayuntamientos que conforman el Área VIII para conocer si coordinan y en qué medida con las entidades del Tercer Sector, y tener en cuenta su perspectiva sobre coordinación que posibilitaría abrir más puentes para crear la red que el Equipo Territorial busca.

Cabe destacar que en esta parte el estudio de caso adquiere el enfoque de investigación participativa, porque el acercamiento a cada Centro Social, abría una puerta y ponía sobre la mesa el tema de “coordinación con entidades del Tercer Sector”.

Algunos municipios tenían el tema más trabajado, otros solamente desde el plano de los PLIS, y otros no, por diferentes motivos que se abordan a continuación. Porque, así como cada entidad social posee sus características y condiciones infraestructurales, organizativas y de recursos diversas, sucede lo mismo con los Ayuntamientos.

Se podría analizar los Proyectos Locales de Incorporación Social (PLIS) como escenarios del trabajo coordinado. En un primer momento, la mayoría de los Ayuntamientos aseguran que trabajan de manera coordinada con entidades, sobre todo en los PLIS.

Desde estos proyectos se estipula una coordinación o una colaboración con entidades del territorio, y los municipios no solo la reconocen en las entrevistas, sino que se ve reflejado en la documentación analizada, ya que los informes de los PLIS presentan un apartado donde aparecen las “entidades con las que se convenian, contratan o desarrollan las actuaciones o talleres de los PLIS” (Documento de Evaluación PLIS-2021). En la documentación mencionan que llevan adelante programas y los coordinan tanto en fases de planificación, ejecución y evaluación con entidades a través de diversas técnicas o instrumentos (entrevistas, reuniones, cuestionarios, etc.). Se detalla la población con la que se participa, las causas de abandono de los participantes, se incluye una evaluación mediante indicadores para la propuesta de intervención de cada entidad, y el costo de la actividad.

La intervención socioeducativa es intervención social, y es una acción sociocultural, procesual, relacional, situada, política y ética (Úcar, 2022). Xavier Úcar (2006) describe tres modelos de intervención socioeducativa, es decir, marcos teóricos e ideológicos que modelizan formas específicas de intervención a lo largo de la historia, estos son: el modelo de la caridad, el modelo de justicia social y el modelo de inclusión social.

Si tenemos en cuenta esta teoría, podríamos pensar en los PLIS como un modelo de intervención socioeducativa de inclusión social. Este modelo entiende a la sociedad a modo reticular, es decir, la red es una estructura que sustenta buena parte de las relaciones sociales. En este modelo se trata de proporcionar los recursos necesarios para vincular a las personas a las diferentes redes de relaciones y aparecen en escena los Educadores Sociales y el Tercer Sector, es decir organizaciones sociales que trabajan junto a la Administración en los procesos de intervención socioeducativa. En los PLIS convergen propuestas formativas, educativas, que tienden a la incorporación social, a partir de un trabajo reticular que, si bien es impulsado y planificado desde la Administración, actúan en ellos diferentes entidades sociales, entre ellas, las ONG.

Los PLIS se podrían considerar como un primer escenario de coordinación, que promueve la colaboración entre Servicios Sociales y las entidades del Tercer Sector en materia de intervención social y educativa. Sin embargo, en los PLIS analizados solo aparecen tres de las siete entidades que trabajan en el Área. Entonces nos preguntamos ¿un trabajo coordinado para responder a las necesidades sociales de un territorio basta con algunas actividades y proyectos que se convenían solo con algunas entidades? Aunque desde la teoría los PLIS podrían pensarse desde un modelo de inclusión social, en la práctica queda trabajo por realizar. Parece evidente que es necesario, además, promover otros escenarios de trabajo coordinado en la intervención social y educativa, que incluya a las diversas entidades que operan en el territorio, y no solo a aquellas que cuenten con alta infraestructura económica y organizacional.

4.3.3 Algunas dificultades de coordinación

Los Servicios Sociales Municipales, si bien expresaron que se coordinan con algunas entidades, la mayoría lo hace con Cruz Roja, en algún caso con Intervalo y con Cáritas o MasPaz. A partir de las entrevistas realizadas podemos ver que los Servicios Sociales Municipales coordinan solo con cuatro entidades del Tercer Sector; sin embargo, el Equipo Territorial en su proyecto de coordinación está trabajando con siete entidades. Entonces, considerando esta realidad, no coordinarse con las demás entidades puede entenderse como una debilidad, puesto que cada una de ellas trabaja con un colectivo específico que ayudaría a responder a determinadas necesidades sociales de la zona.

Por ejemplo, si analizamos lo que ocurre en uno de los ayuntamientos del Área, observamos que en el PLIS la mayor parte de la población a la que van dirigidos los programas es a la población gitana, pero si retomamos lo planteado en las reuniones por una de las entidades que trabaja con el colectivo, afirma que “no hay relación con el Ayuntamiento” (Nota de Campo 08/03/23). Esto invita a preguntar al Centro de Servicios Sociales sobre la coordinación con entidades que trabajan con población gitana y, al respecto, se menciona el interés, aunque no llega a efectuarse dicha coordinación.

Esto refleja una debilidad para la coordinación que se desea, puesto que hay asociaciones constituidas que responden a ese colectivo, pero si el diálogo con los Servicios Sociales Municipales no fluye, no se llega a acuerdos, presenta un desafío a la iniciativa y, por tanto, un área a mejorar.

Otra de las debilidades es la que se presenta puntualmente en los Ayuntamientos considerados “Zonas Especiales” desde la Ley 1/2003 por sus “características geográficas, demográficas y medios de comunicación (…)” (Art. 18), como es la situación de Caso y Sobrescobio. Las entrevistadas exponen la situación de su municipio:

(…) aquí es muy pequeño, muy cerrado, y, por ejemplo, no hay voluntariado (…) (Entrevista TS- Sobrescobio).

(…) El tema de desplazamiento aquí para la población misma es complicado, porque Caso es muy grande, pero los pueblos están alejados entre sí, y no están muy conectados con transportes, hay zonas a las que directamente no llega el voluntariado (Entrevista TS- Caso).

Vemos entonces que la conveniencia de acercar el voluntariado o potenciar el trabajo coordinado en estas zonas es fundamental. Si bien existe en ellas el programa “Rompiendo Distancias”2, que trabaja con voluntariado, especialmente con MasPaz, es menester llegar hasta estos lugares, puesto que, si pensamos en un Área de Servicios Sociales coordinada, debemos considerar tanto las Zonas Básicas como las Especiales.

4.3.4 Otros escenarios de coordinación

Por último, una vez identificadas las dificultades existentes en la coordinación entre Servicios Sociales y Tercer Sector, es interesante pensar en otros escenarios de coordinación más allá de los PLIS, para ver qué perspectivas de coordinación existen en materia de intervención socioeducativa, como así también pensar en escenarios posibles de coordinación a potenciar.

a-La derivación, la comunicación y el intercambio de información. La metodología de todo proceso de intervención sociocomunitaria se basa en cuatro elementos: información, coordinación, investigación y audición, y programación y evaluación (Marchioni, 2002).

Varios Ayuntamientos, aparte de lo plasmado en los PLIS, trabajan con las entidades a niveles de derivación, y en este apartado entra en juego también la comunicación entre las entidades y los Servicios Sociales Municipales. Hay entidades que participan en el programa del banco de alimentos3 haciendo repartos, y poseen, además, vales y ayudas económicas. Algunos Ayuntamientos destacan esa fortaleza de las entidades y plantean canales de derivación. Por ejemplo:

La asamblea de Cruz Roja tiene ayudas propias y gestionan los alimentos del banco de alimentos (…), así que, si desde aquí no puedo cubrir ciertas cosas a veces, los puedo derivar allí para ciertas cuestiones. Por ejemplo, yo aquí ahora mismo no tengo lo de alimentación y si surge una demanda puntual de alguna familia que aparezca o alguien que se quede en desempleo o alguna situación sobrevenida, yo los puedo derivar y si en ese momento pueden gestionar algo puntual como alimentos, pagos de alquiler, algo, lo que puedan ellos, porque tienen algo de subvención y también tienen fondos propios de los socios (Entrevista TS- Sobrescobio).

(…) nosotros con Cruz Roja estamos en contacto con mucha frecuencia (…) les derivamos a gente, nos preguntan, esa coordinación existe (Entrevista TS- Langreo).

Con respecto a la comunicación mediante la cual se hace el proceso de derivación en la mayoría de los casos se da de manera informal, veamos:

Hablamos primero con la entidad y luego derivamos al usuario y viceversa, ellos a lo mejor reciben al usuario y nos lo derivan a nosotros. Vía telefónica, vía e-mail, y hasta vía WhatsApp (…) a medida que van surgiendo necesidades vamos contactando y vamos intercambiando información, no es algo protocolarizado ni nada, sino que es fluido. Cuando necesitamos información de la otra parte, siempre con el consentimiento del usuario intercambiamos información (Entrevista TS- Laviana).

Aquí entra en juego otra categoría importante en el plano de la coordinación que es el intercambio de información propio de todo proceso de coordinación. Sin embargo, esta derivación, comunicación e intercambio de información, solo se da en el ámbito de ayudas económicas o alimentarias. De hecho, una de las entrevistadas asegura que aparte de lo explicitado en los PLIS coordinan “únicamente para lo que son ayudas económicas”, y agrega:

(…) ya sabes que los Ayuntamientos se tardan mucho, hay mucha burocracia, entonces si hay una situación de necesidad urgente, ellos tienen más facilidad a la hora de conceder ayuda y disponer de otros recursos que ahora mismo no tenemos como tickets de alimentos (…) (Entrevista TS- Laviana).

Lo mismo sucede en otro Ayuntamiento donde la Educadora Social comenta:

Con Cáritas tenemos también derivaciones de gente principalmente por temas de falta de economía (…) porque a lo mejor aquí no cumplimos con las ayudas de necesidades básicas y no se cubre porque no cumplen el requisito por ejemplo del tiempo de empadronamiento. Entonces Cáritas es uno de los sitios a los que derivamos para que les den vales de alimentos, de manutención y para higiene (Entrevista ES- San Martín del Rey Aurelio).

Si bien estos procesos básicos de coordinación se dan, los mismos responden solo al ámbito de ayudas económicas y podríamos pensarlo desde una perspectiva asistencialista, y retomando los modelos de intervención socioeducativa, podríamos pensar la coordinación entre Servicios Sociales Municipales y Tercer Sector desde el modelo de la caridad (Úcar, 2006), es decir, centrado en lo asistencial. En este modelo la intervención toma la forma de acción asistencial porque a una parte de la población le sobran los recursos que a otra parte de la misma le faltan. Parecen regirse por patrones de voluntariado y beneficencia.

Por otro lado, la comunicación se da como observamos de manera informal, es decir, no hay un protocolo de colaboración permanente, sino más bien utilitarista. Algunas entidades autonómicas han trabajado sobre la coordinación entre Servicios Sociales Municipales y el Tercer Sector, como por ejemplo la Comunidad Autónoma de Madrid que elaboró el Documento técnico de recomendaciones para la optimización de la coordinación entre los Servicios Sociales Municipales y entidades del Tercer Sector. Este documento manifiesta que la coordinación comunitaria puede pasar por diferentes etapas y producir diferentes resultados, estas etapas son:

      1. Intercambio de información y conocimiento mutuo
      2. Colaboración puntual o estable entre dos o más entidades
      3. Establecimientos de protocolos de colaboración permanente entre varias entidades para atender de manera integrada a determinadas demandas o a determinados colectivos de personas, etc.
      4. Diagnóstico comunitario
      5. Programación comunitaria

Es importante que al menos las tres primeras etapas (intercambio, colaboración puntual y establecimiento de protocolos) se den a la hora de establecer cauces de coordinación entre las entidades locales y el Tercer Sector (Dirección General de Servicios Sociales e Innovación Social, 2020).

Dicho esto, un desafío sobre el que hay que seguir caminando es poder superar la perspectiva de los Servicios Sociales y del Tercer Sector, como entes de ayuda y pensarlos como garantes de derechos humanos y de igualdad de oportunidades ya que la intervención social no es solo dar prestaciones, sino también fomentar interrelaciones que potencien el entramado social. Pensando esto desde un paradigma de Servicios Sociales y Tercer Sector, que supera la perspectiva asistencialista, para no crear dependencia sino empoderar a los sujetos usuarios.

b-La detección de necesidades sociales. Es otro escenario de coordinación, que, si bien no está contemplado en la práctica cotidiana de Servicios Sociales Municipales, es menester de potenciar. Desde la teoría se puede considerar que la detección de necesidades sociales es un escenario propicio para la coordinación, ya que los Servicios Sociales como la Acción Social tienen entre sus objetivos dar una respuesta socioeducativa tanto a las necesidades individuales como sociales (Ruiz Delgado, 2002). Sin embargo, la detección de necesidades y las estrategias para responder a ellas desde la intervención social, no se dan de manera articulada.

En las entrevistas realizadas se pudo indagar acerca de las necesidades sociales de cada Ayuntamiento, pero para la detección de las mismas en ningún caso se consideraron los aportes de las entidades que operan en el territorio. Solo en un Centro de Servicio Social se expone “si nos hace falta sí” (Entrevista TS-Sobrescobio), como respuesta a si cuentan con las entidades para la detección de necesidades. Mientras que, en los demás respondieron que no las tienen en cuenta para dicho proceso. El ámbito de la detección de necesidades es un área de mejora, ya que para responder a las mismas con intervención social apropiada se requiere un conocimiento de ellas desde las diversas entidades que trabajan a nivel territorial.

Es decir, teóricamente podríamos considerar que, desde los modelos de intervención socioeducativa, en este plano de detección de necesidades, la coordinación se circunscribe a un modelo de justicia social (Úcar, 2006), en el que la misma se realiza solo desde la Administración, y no se comprenden los aportes de las demás entidades sociales, como las del Tercer Sector.

El Equipo Territorial conoce las necesidades sociales del Área fundamentalmente a través de lo que transmiten los Servicios Sociales Municipales, sin embargo, plantean que la detección de necesidades que realiza cada entidad “es un enriquecimiento de la visión territorial” (Entrevistada ET). Por ello, potenciar el trabajo coordinado en este plano es sumamente interesante ya que posibilitaría una visión más amplia de la realidad, y una intervención socioeducativa desde el modelo de inclusión social que describe Úcar (2006). Además, permitiría incorporar las diversas etapas de la intervención sociocomunitaria que plantea Marchioni (2002) tales como el intercambio de información o el diagnóstico comunitario, para así pensar en una programación conjunta de respuesta a las necesidades detectadas.

5. Conclusiones

Del análisis realizado emergen algunas conclusiones que, lejos de concluir, ordenan el panorama en el que el proyecto se encuentra y permiten seguir construyéndolo. En primer lugar, se ha observado tanto en los discursos de las entidades del Tercer Sector, como en el de los Servicios Sociales Municipales y en el del Equipo Territorial que existen diferentes perspectivas sobre lo que es y debería ser la coordinación, perspectivas incluso discrepantes. Como se expuso en el análisis retomando la categorización que realiza Úcar (2002) sobre los modelos de intervención socioeducativa a lo largo de la historia, podemos observar que los mismos se encuentran arraigados en la práctica cotidiana y confluyen tanto en los diferentes actores como en las diversas instancias de coordinación.

Al analizar los Proyectos Locales de Incorporación Social, se percibe que, en la teoría, responden a un modelo de intervención socioeducativa orientado a la inclusión social, ya que fomentan la colaboración de los Servicios Sociales con las entidades del Tercer Sector en diversas actividades. Sin embargo, en la práctica, se ha observado que no todas las entidades que operan en la zona están incluidas en ellos, y quedan colectivos sin representación como, por ejemplo, la etnia gitana.

En cuanto a la comunicación entre Servicios Sociales Municipales y Tercer Sector, la misma queda reducida al plano de la derivación asistencial, lo que pareciera indicar que Servicios Sociales recurre a las entidades solo en sentido utilitarista, o más bien, cuando hay una urgencia que no es posible abordar dentro del catálogo de prestaciones, es decir, pareciera presentarse un modelo de intervención más relacionado con la subsidiaridad.

En relación a la detección de necesidades, por un lado, Servicios Sociales Municipales no recoge la mirada de las entidades del Tercer Sector, lo que denota una perspectiva de diagnóstico de las mismas solo desde el ámbito administrativo; y, por otro lado, las entidades realizan su propia detección de necesidades de manera aislada sin coordinar con otras organizaciones ni con la Administración. Ante esta situación, el Equipo Territorial propone la creación de un entramado reticular donde participen coordinadamente Servicios Sociales Municipales y entidades del Tercer Sector, tanto en la detección de necesidades como en las estrategias de intervención socioeducativa en el territorio. Esta propuesta se aproxima más al modelo de intervención de inclusión social planteado por Úcar (2006).

Teniendo en cuenta lo expuesto, es importante considerar la postura adoptada por el Equipo Territorial en la promoción de esta iniciativa, con el propósito de impulsar la intervención social en el Área y establecer redes de coordinación. Aunque la coordinación directa se debe dar entre los Servicios Sociales Municipales y las entidades del Tercer Sector, resulta relevante el papel desempeñado por el Equipo como agente movilizador y mediador en este proceso.

En conclusión, se evidencia la existencia de diferentes perspectivas sobre la coordinación y por consecuente de la intervención; por lo tanto, es interesante pensar como propuesta de mejora en la importancia de aclarar y reconceptualizar qué se entiende por coordinación entre los diferentes actores, qué implica coordinar, en qué ámbitos y en qué medida, para establecer criterios y espacios comunes, y a partir de esto seguir construyendo propuestas que la mejoren. Otra propuesta de mejora podría ser la creación de protocolos de coordinación que planteen líneas o directrices facilitadoras de la coordinación en el ámbito territorial en materia de intervención socioeducativa, los cuales podrían pensarse no solo a nivel de Área, sino Autonómico.

Este trabajo no se agota aquí, sino que abre estas líneas para seguir investigando y pensando propuestas de actuación en torno a la dinámica de coordinación entre Servicios Sociales y Tercer Sector en materia de intervención socioeducativa en el ámbito territorial. Esto implica considerar, de manera imprescindible, la perspectiva de los usuarios no como meros receptores de la intervención, sino concebirlos como verdaderos protagonistas y agentes clave que pueden potenciar esta red y ser incluidos activamente en el proceso. Si bien en este estudio no se incluyen, puesto que excedía los objetivos planteados a priori para un Trabajo Fin de Máster, no se desestiman como informantes claves en próximas investigaciones, puesto que estas reflexiones invitan a continuar explorando y desarrollando nuevas ideas en este campo. A pesar de que la coordinación territorial está impulsada desde la normativa y hay algunas investigaciones aisladas que la abordan, es un campo que exige más investigaciones y más desarrollo teórico al respecto.

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