N° 29. Primero. Año 2024



26 de enero de 2024
Cristina Antuña Sariego, madre acogedora, y su familia acogida. Foto cedida por Cristina Antuña Sariego

El acogimiento familiar es una medida de protección prioritaria al acogimiento residencial para aquellos niños y niñas que han de ser separados de sus familias de origen de la que pueden participar todos y todas.

Nos sumergimos en una conversación con Cristina Antuña Sariego, madre acogedora.

El acogimiento familiar es una medida de protección prioritaria al acogimiento residencial para aquellos niños y niñas que han de ser separados de sus familias de origen de la que pueden participar todos y todas.

Nos sumergimos en una conversación con Cristina Antuña Sariego, madre acogedora.

  • ¿Qué te motivó a convertirte en una madre acogedora?

Yo siempre cuento, creo que es la narrativa que tengo interiorizada, que tras un año trabajando en Bolivia en un proyecto de cooperación, regresé y me apetecía cuidar, pero no pensaba en la maternidad como opción. Ahora lo pienso y me da la risa, ¡han pasado diez años! Además, tengo la suerte de tener un compañero con una manera muy similar a la mía de ver la vida y fue así cómo nos acercamos al acogimiento. También teníamos la experiencia de cuidar de una niña saharaui los veranos. Lo veíamos como un proyecto más de los nuestros, sin saber que nos cambiaría la forma de entender la vida.

  • ¿Cómo fue tu experiencia sobre el proceso de valoración para el acogimiento familiar?

La verdad es que fue hace más de diez años. Imagino que como yo, el proceso ha ido cambiando. En mi opinión tan importante como el proceso de valoración, lo es el proceso de acompañamiento. La valoración tiene que servir para que quien se acerque a esta medida entienda que más allá de sus expectativas o motivaciones, la prioridad es ofrecer un espacio seguro, un hogar en toda la extensión de la palabra a un o una menor que ha sufrido adversidad temprana. La valoración ha de servir para que se entienda este compromiso hacia el/la menor ya que que el mundo adulto, por distintas circunstancias, no ha podido ofrecerle los cuidados necesarios para mantenerlo en su familia de origen. Y ese compromiso es el mimbre para luego acompañar en cómo hacerlo lo suficientemente bien. Obviamente en la valoración es importante hablar y comprender qué es la “despedida” en el caso del acogimiento temporal, al igual que importante es formar sobre trauma relacional, abandono, los lazos invisibles, la adversidad temprana y sobre las mochilas, fantasmas, inseguridades, etc del menor... pero también tuyas. El acompañamiento a lo largo del acogimiento es fundamental, ya que va a permitir aprender a leer qué emoción hay detrás de cada comportamiento o acción del menor y tuya, y así estar en disposición de una reparación terapéutica del vínculo. Imprescindible tener tu historia de vida revisada.

  • En tu experiencia. ¿Cómo es cuidar de esos menores acogidos?

Te diría que en el día a día y en cuestión de rutinas, no se diferencia tanto al de una familia convencional, pero una vez que te pones las gafas de lo que supone la adversidad temprana, todo se ve de otra forma. Como comenté antes, es una experiencia personal, de pareja y familiar muy potente. En nuestro caso tenemos la suerte de tener una familia que nos apoya, y sobre todo unas amistades incondicionales que son la familia que eliges. Nosotros somos acogedores de tres menores y cada una de esas experiencias ha sido y es distinta, pues distinta era su etapa de ciclo vital y la nuestra, distintas las circunstancias y las edades. Tengo que decir que cuidarles y protegerles es la mejor decisión que hemos tomado y que no pueden ser más maravillosos.

  • ¿Cómo ha influido el acogimiento familiar en tu vida cotidiana y en la dinámica familiar?

Creo que no exagero si te digo que convertirnos en familia acogedora ha sido lo más importante que hemos hecho en nuestra vida. En nuestro caso, el acogimiento nos ha dado la posibilidad de hacer de nuestro compromiso social, una realidad. Creo que la medida de acogimiento familiar es un arma potente para hacer del mundo, de tu mundo, un lugar más habitable, aunque no sólo vale con que un niño o niña entre en casa, así sólo el acogimiento no funciona. Tiene que desplegarse todo un sistema de redes y apoyos para que salga bien, esto es, para que el niño o niña encuentre una base segura que le permita entender que es digno de ser querido y cuidado, aceptado incondicionalmente porque es alguien valioso y pueda volver a confiar en las personas.

  • ¿Cuáles son los aspectos más gratificantes y desafiantes de ser una madre acogedora?

Para mi, los aspectos desafiantes y los gratificantes van de la mano. No se puede tener lo uno sin lo otro. Como es la vida misma.

Para mi el más desafiante es cuando les ves sufrir y no puedes hacer nada más.. y nada menos que estar, acompañar, consolar, refugiar. Creo que es lo que más me ha costado, porque hay sufrimientos intergeneracionales que vienen de lo injusto que es en ocasiones el mundo. Como dice Winnicott son “Cosas que, no debiendo de suceder en la infancia, suceden”.

En mi caso, por ejemplo, es muy gratificante lo que mis tres peques me dicen en el día a día. Tengo apuntadas frases enteras que nos han dicho en los buenos pero también en los malos momentos, que los ha habido, y que son puras enseñanzas de vida; son polvo de hada de resiliencia.

Gratificante es también la evolución en la relación con las familias biológicas, no exenta de retos, pero imprescindible para que todo funcione. No puedo estar más agradecida a las madres de los peques por confiar en mi para que cuide de lo que más quieren en este mundo. Pienso mucho en ellas, muchas veces y las admiro mucho.

Y luego están también los abrazos, los veranos en Galicia, las miradas, los avances que vas viendo en cuestiones que les costaban; y en nuestro caso, no podemos sentirnos más orgullosos de la relación entre hermanos que han ido construyendo los tres.

  • ¿ Qué consejo darías a aquellas personas que están considerando convertirse en familias acogedoras?

Pues tras muchas formaciones, lecturas y demás, diría que el mejor consejo me lo ha dado el título de un álbum de la banda Siniestro Total, “ Ante todo mucha calma”. Lo primero es la calma interna y para eso tienes que entrenarla. Si no sabes, busca quién te entrene. Rodearse de personas que comprendan lo que supone el acogimiento y tomar distancia de aquellas que no pueden comprender. Calma también con las instituciones, en mi caso he tenido que trabajarme mucho la calma en lo “escolar”. Entender que no siempre las cosas van a salir como te gustaría, ajustar tus expectativas, saber leerte, sentirte y entenderte a ti y a los tuyos en según qué momentos porque la prioridad es esa niña o ese niño. Eres su refugio seguro, su tutora de resiliencia que lo llaman, y eso tiene que ser incondicional. Construir un vínculo seguro lleva tiempo, esfuerzo, cuidados y calma. Dice un cojín de Ikea que “Para llegar al corazón, hace falta tiempo”.

Personalmente me encantan los primeros meses de llegada, la experiencia me ha dado la posibilidad de decirle con el pensamiento “tú aun no lo sabes, pero vas estar bien aquí”. Aquí la calma va a ser imprescindible para no forzar el vínculo y concentrarse en ofrecer una estructura respetuosa, contenedora y amable; el vínculo afectivo irá llegando.

  • ¿Crees que el acogimiento familiar tiene un impacto positivo en la comunidad?

Totalmente. En todas sus modalidades. De hecho creo que sería muy positivo que se conociesen y comprendiesen mejor los centros de protección por parte de la comunidad. Entiendo que no es fácil, dado que hay que hacer mucha labor pedagógica para conocer, interpretar y dar respuesta adecuada a las necesidades de la infancia en protección, priorizando lo que ellos y ellas necesitan por encima de tus expectativas o motivaciones cuando te acercas a esta y otras medidas de protección. Pero como terapeuta familiar y pedagoga creo firmemente en el cambio y en el aprendizaje, y creo que con un buen trabajo de acompañamiento y comprensión, los beneficios de acercar los centros a la comunidad son evidentes. Nos hace mejores como sociedad.

  • ¿Ha tenido las oportunidad de compartir tu experiencia con otras personas para fomentar el interés en el acogimiento familiar?

¡Claro! No puede ser de otra manera. Somos como “la cadena de favores” del acogimiento. Esta medida antes era algo muy desconocido pero creo que eso ha ido cambiando, pero aún queda mucho por hacer en este sentido. A nosotros nos preguntan muchas veces por cómo es. Nos gusta contar, sin idealizar, lo necesaria que es esta medida de protección, el derecho a vivir en una familia bientratante y la responsabilidad de toda la sociedad para que ese derecho se cumpla.